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SUEÑO CON ASCETIA 1 ASCETIA Un desierto de brillantes arenas doradas, una comitiva camina bien organizada por entre las dunas que se asemejan a montañas de oro. Una de las muchachas encadenadas, todas son mujeres semidesnudas, encadenadas las unas a las otras, y, formando una fila que parece perderse en el horizonte; tropieza en uno de los huecos que, el peso de los pasos precedentes, ha horadado en la fina arena. Él: (Se acerca uno de los que llevan el convoy) Levanta April Raven: Tengo sed Él: ¿Si? April Raven: Tu llevas agua, dame un poco Él: (Da un trago a su cantimplora, y luego la mira con una sonrisa despectiva) Lo siento, ahora esta ocupada (La levanta del suelo, estirándola de su cabellera pelirroja) ¿Ok? (Espera a que ella asienta)... No nos molestes mas El chico ya se marcha hacía la parte delantera de la comitiva, cuando de pronto se gira, y mira, con un nuevo fuego brillando en sus brillantes ojos verdes, a la muchacha Él: Quizá pueda hacer algo por esa sed La dice acariciándola la mejilla, y jugueteando, su dedo pulgar, con los carnosos (y resaltados en su carmesí por el tono pálido de la piel) labios April Raven: (Temblorosa) N-No... P-Por favor Él: (Con cierto desprecio en su voz, ante la debilidad, el miedo, de la muchacha) A la noche, Cuando acampemos, saciare tu sed con mi jugo primordial El regresa a la parte delantera, ella solloza mientras reemprende la marcha al compás de las demás... Como una corderita buena... Horas mas tarde... April ha esperado con temor, deseando que nunca llegara el ocaso, aquella hora maldita. Sabe que si se niega a ir, él, ira a buscarla y será mucho peor. April Raven: (Sumisa) ¿Amo? Él: Oh, ya pensé que tenía que ir a buscarte April Raven: No, amo Él: Acércate Ella obedece, desea que acabe todo cuanto antes. Él comienza a acariciar la melena roja, y la blanca piel. Él: Pareces un dulce de leche con mermelada. April Raven: (Gemido intraducible) Él: (Susurrándola al oído) Relájate... Voy a ser muy bueno contigo (Poco a poco la hace irse arrodillando)... ¿Qué edad tienes, corderito? April Raven: 14, mi señor Él: Estupenda edad (El se baja sus pantalones, y empuja el rostro de la chica contra su entrepierna) Hora de tomar tu leche, corderito, así no volverás a tener sed El resto es una sinfonía de arcadas, gemidos de placer, sollozos, y risas perversas... 2 Judith despertó dolorida aquella mañana, se levantaba el campamento y los lideres de la caravana de esclavas no dudaban en usar cualquier modo para ponerlas en marcha. Antes de partir, se las dio un desayuno que consistía, esa mañana, en una carne sonrosada y jugosa al diente. Era tal el hambre de las muchachas, que en ocasiones llegaban a sufrir periodos de hambruna de días, que ni siquiera se percataron de dos asuntos: Los cabellos pelirrojos que flotan, junto a la carne, en el tazón, y la ausencia de una de ellas. Cuando la marcha se reemprende, Judith se aferrá a una escena de su pasado mas inmediato... Para distraer su mente de la desesperanza y el cansancio.
Una llamada telefónica a las tres de la madrugada, necesitaba hablar con alguien, y Jaime era de los que sabían escuchar y aconsejar. Judith: Hola, my friend Jaime: (Tono apagado) ¿Qué tal, cielo? Judith: Uyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy... Pareces enojado. ¿No te desperté, verdad? Jaime: No, y aunque me despertaras seria un placer que lo hicieras tu Judith: Que lindo. Y que mas ¿Por qué te has desaparecido? No me digas que sigues... enfermo Jaime: Si, sigo aun con la recuperación Judith: Uy, corazón, no sabes la pena que me da eso Jaime: Cada vez me siento mas débil... Las ciudades son arrasadas, y yo las siento morir... Judith: Ay, no digas eso Jaime: ¿Por qué? Judith: Porque no me gusta oírtelo decir... Me da cosa Jaime: Ok Judith: ¿Y que me cuentas de tu vida amorosa? Jaime: Igual Judith: (Excesivamente interesada, como esperando una respuesta negativa) ¿Y la chica que te gusta, nada con ella, aun? Jaime: No Judith: (Preocupada) ¿Por qué te siento que estas como triste? Jaime: (Intentándole quitar hierro al asunto) Solo un poco mareado y confuso Judith: (Con tono preocupado) Mira si quieres te dejo tranquilo, para que duermas y descanses Jaime: No es eso, tranquila, solo estoy un poco frustrado Judith: (Decaída) Pero no me siento bien conversando así contigo, creo que estoy molestándote Jaime: (Alarmado) No me molestas, llevaba siglos añorándote. siento estar tan obtuso Judith: No, no me digas eso. ¿Qué tal si pregunta tu sobre mi? Jaime: ¿Que tal te ha ido la vida desde que no nos vemos? Judith: Bueno, un poquitín triste... (Decide dejar de callarse las cosas) Yo si te extraño desde el fondo de mi corazón... Ya sabes.... Eres muy especial para mi Jaime: (Se siente a Jaime sonreír al otro lado del teléfono) Si, lo se... Y tu lo eres para mi Judith aun llora al recordar aquella conversación telefónica... Fue de las ultimas que pudieron disfrutar... Al menos fueron capaces de no guardarse sus sentimientos... ... Aun guarda, bien escondido a fin de que los que la tienen prisionera no lo descubran, el colgante que la regalo... En su reverso brilla la siguiente inscripción... Para mi pequeño sol
3 En algún del infinito desierto de Ascetia. Despierta amarrada de brazos y piernas, aun la duele la mandíbula, tras el golpe recibido, y empieza a escuchar algo a su alrededor... Mas o menos 15 años atrás. Una playa de Galicia, principios de los 90. La pequeña Judith de 3 añitos, juega en el agua con su pelota de plástico. Un hombre se acerca a donde se encuentra la pequeña, y la dice: Hombre: Eres muy mona Judith: (Se gira, y mira al hombre) Jeje... Gracias Hombre: ¿Y qué tal... Te gusta esta playa? Judith: (Deslumbrándole con una dulce sonrisa
inocente e infantil) Esta muy bien... ¿Y a usted le gusta? Judith: (No retrocede, no ve al hombre como una amenaza) ¿Tiene hijas? Hombre: Si, una, ya cumplió 2 años (Agarrándola de su bracito) ¿Quieres venir y jugar con ella? Judith: (Entusiasmada) Si, Guay. Yo tengo tres años (Y afirma esto enseñándole tres de su regordetes deditos al hombre Hombre: Bien... Acompáñame Y ella, inocentemente, se fue con aquel hombre. De regreso al ahora. Judith se agita buscando una debilidad en los nudos, pero cada movimiento de su cuerpo solo sirve para azuzar mas a su acechador entre las sombras. Mas o menos 15 años atrás, de nuevo... La niñita camina de la mano del hombre. Hombre: Eres la más bonita que jamás se hubiera visto Judith: (Sonrojándose) Gracias Hombre: (Casi relamiéndose) Que lindo color se te pone en las mejillas cuando te sonrojas. Parece que el hombre tuviera muchas ganas de comérsela, pero no se atreviera por si algún socorrista, o algún bañista, andaba por ahí cerca, y le sorprendiera... Esperaría a llegar... Judith: ¿Esto muy lejos tu hija? Hombre: ¡Oh, sí! Perdona. Es que nos hemos colocado más allá de aquellas rocas que se ven allá lejos, en la primera sombrilla... ¿La ves? Siguen caminando, Jude no parece cansarse, pues, pronto tendrá con quien jugar. Judith: (Agudizando la vista) ¿Quién es tu hija de entre esa gente? No veo niñas Hombre: Se habrá ido con su mama a dar un paseo... Así que cuando lleguemos allí, no sentaremos juntitos a esperarla Judith: Vale Tardan un par de minutos mas en alcanzar el lugar. Cuando llegan el hombre extiende una toalla. Hombre: (Dando golpecitos a la toalla) Ven a sentarte aquí conmigo. Judith se sienta en la toalla, y queda muy asombrada al ver el bulto que crece bajo el bañador del hombre Aun así decide, por vergüenza inculcada por sus papas, desviar su atención: Judith: Señor, ¡Qué brazos tan peludos tiene! Hombre: Es para abrazarte mejor, y darte mucho calor... Y la rodea con sus brazos, mientras con una de las manos empieza a acariciar el pechito de la nena... Judith: (con una risita) Me hace cosquillas, señor Hombre: (Casi babeando) Es que estas tan suave, pequeña... La tumba sobre la toalla, siguiendo con su manoseo, que cada vez baja mas abajo Judith: (Con risitas por las cosquillas, y sin ser consciente del juego de aquel hombre) ¡Qué ojos tan grandes tiene! Hombre: Son para verte mejor, hija mía. La mano ya se cuela bajo el bañadorcito rosa de la nena, y los dedotes del hombre empiezan a acariciar su pequeña vulvita Judith: (Con la respiración entrecortada, sintiéndose violenta y confundida al mismo tiempo) ¿Qué hace? Hombre: (Ya fuera de control, encendido por sus asquerosos deseos, lamiendo y besando el cuerpecito que tiene bajo el suyo) ¡Es para comerte mejor! "Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió." De regreso al ahora. Puede ver sus ojos, ardiendo, como ascuas al rojo vivo, entre las sombras tras las dunas... Judith se maldice, una y otra vez, por no llevar escondido algún objeto cortante, en ese momento la sería de mucha utilidad. El depredador abandona las sombras... Enorme, ¿Un lobo de proporciones colosales para su raza?, con una piel que parece impenetrable, y una hilera de puntiagudas espinas del lomo a la cola... Y, los ojos... Aquellos ojos... Como los del lobo de su niñez... |
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